

El oficio de afilador es uno de
tantos de los que se están perdiendo, por mucho que se hayan modernizado
-motorizado en mayor medida-, de tal forma que ya no se les ve por las
carreteras, al menos en España, ni por los caminos polvorientos, trasladándose
a pie de una localidad a otra.
Tampoco se les ve haciendo sonar ellos directamente sus flautas, llamadas
chifre, chiflo o xipro, según la procedencia, sino que en su lugar se oye una
grabación a través de altavoces; los que sobresalen por las ventanillas de los
vehículos. Incluso los llevan sobre la moto, como el que he visto, y oído, por
el pueblo esta mañana, al que he sacado una foto caminando junto a la
motocicleta y un corto vídeo para tomar el sonido.
Ignoro si alguna vecina o algún vecino le habrán dado trabajo, pero en el rato
que lo he visto, recorriendo un corto trayecto por una de las calles, nadie le
ha salido al encuentro con cuchillos o tijeras para afilar. Y esto es debido a
que ya no se afilan objetos cortantes, pues resulta más caro hacerlo que
comprar uno nuevo.